//image.guardian.co.uk/sys-images/Arts/Arts_/Pictures/2007/09/13/danes460.jpg” porque contiene errores.

Mi único amor, nacido de mi único odio. Demasiado pronto le vi sin conocerle y demasiado tarde le he conocido. Prodigioso principio de amor que tenga que amar a un aborrecido adversario.”

Julieta dice que está triste, que jamás se había sentido así, que la vida ya no tiene sentido. Quería huir, lejos, donde el recuerdo no pudiese encontrarla, donde pudiese encontrar el verdadero sentido de la vida. Pero la historia de Julieta no es una historia cualquiera y su destino está trazado desde el momento en el que Shakespeare tomó su pluma y escribió la primera palabra: Romeo.

Dice que no puede vivir, que su vida no tiene sentido, que no encuentra una razón de peso para seguir respirando. Y vuelve a llorar porque no tiene la suficiente fuerza para acabar con su vida, tiene miedo a hacer daño a los demás, a que el mundo no pueda vivir realmente sin ella.

Julieta no puede hacer daño a los demás pero sí a él, a Romeo. La suya es una historia peculiar, de esas que hacen cambiar los romances por dramas y las sonrisas por lágrimas. Julieta amaba a Paris, pero Paris no es nadie, sólo eso, una imagen difusa de otro amante, uno cualquiera que le hizo daño, mucho daño. Y Julieta odiaba a Romeo, odiaba la forma en la que él la miraba, la forma en la que él agarraba su brazo acariciando su piel, la forma en la que le decia “escucha esta canción” cuando ella creía que era horrible y estupida. Romeo la quería y no se lo escondía, cuando ella estaba cerca era el centro del universo, la miraba sin cesar como si en sus ojos se escondiese el secreto de la vida, todo por lo que el ser humano ha luchado. Para él ella lo era todo.

Y Julieta era inmadura, estupida y caprichosa. Hasta que la vida tomó un giro inesperado y destrozó sus expectativas. Y Julieta quedó sola, desolada, sin nadie en quien confiar, dudaba hasta de sí misma. Y ahora no encuentra una razón para vivir. Se dió cuenta demasiado tarde, justo cuando Romeo ha decidido olvidarse de ella, justo cuando él desaparecerá como si nunca hubiese existido.

Ella siente pánico porque él conoce el secreto. Conoce la razón por la que ella debería vivir, su razón de existir. Ahora Julieta lo ve todo desde otra perspectiva y recuerda la forma en la que él la miraba como la razón de su existencia, la forma en la que el la acariciaba como el cariño que ahora necesita. Aunque no recuerda esa canción, no recuerda esa canción que él le dedicaba porque ella lo había ignorado. Le había hecho daño, mucho daño.

Y quiere arreglarlo pero es demasiado tarde, él se irá, lejos, donde ella no pueda encontrarlo, donde Shakespeare no pueda escribir su historia.

Tiene una última oportunidad, sabe que estará allí, la hora exacta en la que estará esperando. Ella le buscará y aunque no quiera verla, le preguntará el nombre de esa canción, para escucharla una y otra vez, hasta que algo la consuma. Es todo lo que puede hacer, es todo lo que le debe, al fin y al cabo es Romeo, su historia nunca tuvo un final feliz.



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